ANSIOLÍTICOS Y ADICCIÓN

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ANSIOLÍTICOS Y ADICCIÓN

Fecha:

febrero 17

Hora:

08:00 - 17:00

Descripción del Evento

¿Alguna vez has tomado benzodiazepinas como el Orfidal, el Valium, el Noctamid, el Tranquimazin, el Sedotime, el Tanxiluim o el Diazepam? Quizás no lo has tomado nunca, pero  seguro que alguien de tu entorno: madre, abuelo, tía, hermano, amigo.. lo han tomado recientemente. Y hasta puede que conozcas a alguien con adicción a los ansiolíticos.

El consumo de estas sustancias ha crecido en los últimos años. En la última década, España ha visto aumentado su consumo en más de un 50% y es el país líder en Europa en consumo de benzodiacepinas como el lorazepam o trankimazin según la Organización Mundial de la Salud.

Pero ¿qué son los ansiolíticos? Las benzodiacepinas, el grupo de fármacos al que pertenecen los ansiolíticos, actúan directamente en el cerebro y consiguen que el paso de información entre las neuronas sea más lento.

Los motivos por los que alguien puede acabar tomando ansiolíticos son variados: dificultad para conciliar el sueño, vivir un hecho traumático, problemas laborales o personales…

Y aunque la ansiedad se ha convertido en uno de los problemas más mencionados por los españoles la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SemFyc) ha advertido que conviene no medicalizar situaciones que en realidad no son patológicas, y que se debería ayudar al paciente a encontrar otras soluciones frente a la ansiedad.

Esa dependencia es uno de los principales problemas de estos medicamentos, su capacidad de producir adicción. “Normalmente es necesario ir subiendo la dosis en el tiempo para conseguir el mismo efecto (lo que se conoce como tolerancia), y además no tienen un efecto específico para mejorar los síntomas de ansiedad, sino que se hace a raíz de alterar nuestra capacidad de respuesta para todo”.

Las recomendaciones advierten que no se debe consumir una benzodiacepina más de 14 días, salvo en pacientes con psicopatología grave. Y como con todo tratamiento médico es recomendable que el especialista lleve un seguimiento del mismo, con el que pueda valorar cómo está actuando el fármaco, si es necesario cambiar de procedimiento o si ya no es necesario continuar con él, ya que esa ansiedad se ha visto disminuida. Por ello, la adicción a los ansiolíticos tiene importantes efectos secundarios:

  • Pueden “enganchar”. Uno de los principales problemas de tomar ansiolíticos es la dependencia que pueden generar. Si se dejan de golpe pueden provocar síndrome de abstinencia, con síntomas como cefaleas o nerviosismo. Por ello, el médico no los receta a la ligera y si te los prescribe, es básico que sigas las recomendaciones al pie de la letra y que no los tomes más tiempo del que te recomienden.
  • Crean tolerancia. Es decir, con el tiempo, su eficacia es menor con una misma dosis. Ocurre si se toman más tiempo del previsto. Por lo tanto, No hay que tomarlos por tiempo indefinido ni improvisar las dosis.
  • Te pueden “debilitar”. Somnolencia, dificultad para concentrarse, reducción del estado de alerta, mareos y debilidad muscular son otros de los posibles efectos secundarios de los ansiolíticos. Por ello, si tu médico te aconseja tomarlos, es mejor que no conduzcas mientras lo haces, sobre todo durante los primeros días, que son claves para valorar en qué medida te afectan.
  • Los psicólogos recomiendan evitar en la medida de lo posible la solución de los problemas a través de los fármacos y aconsejan que cada persona trate deadquirir las herramientas que le ayuden a hacer frente a la situación que provocó la ansiedad, la tristeza o el estrés.
  • En este sentido,  aconsejan cambiar el estilo de vida para dormir mejor, hacer más ejercicio, comer de forma más saludabley hablar de la situación problemática con alguien puede ayudar.
  • Cuando sea necesario el uso de los fármacos es imprescindible preguntar los efectos adversos y tener claro que a vecesla solución se puede convertir en problema.

Excederse en el consumo de estas sustancias puede pasar factura a nuestra salud y provocarnos:

  • Somnolencia
  • Confusión
  • Inestabilidad al caminar
  • Habla incomprensible
  • Incapacidad para concentrarnos
  • Mareos
  • Problemas con la memoria
  • Respiración lenta

Tanto los adolescentes como los adultos que abusan de estos medicamentos,  responden generalmente a diversas motivaciones como:

 

  • Sentirse bien o sencillamente drogarse
  • Relajarse o aliviar tensiones
  • Reducir el apetito o aumentar el estado de alerta
  • Experimentar los efectos mentales que causa el fármaco
  • Mantener una adicción y prevenir la abstinencia
  • Ser aceptados por los pares o socializar
  • Intentar mejorar la concentración y el desempeño académico o laboral

Por mucho que podamos sentirnos avergonzados por haber caído en el abuso de ansiolíticos, los expertos de la conocida institución sanitaria recomiendan que acudamos en busca de ayuda médica. Desde allí se ocuparán de ayudarnos y no de juzgarnos, una misión que será más fácil cuanta mayor sea la anticipación y menor la adicción desarrollada.

La automedicación, afirma el director de Farmacología Clínica de la Universidad de Navarra, José Ramón Azanza, conlleva un problema, que “la persona que lo hace desconoce el riesgo y, además, no sabe interpretarlo pese a que esté en el prospecto”. Explica, por otra parte, que “los ansiolíticos se toman mucho porque una persona no puede afrontar problemas de la vida ya sea porque no tiene tiempo, no sabe cómo hacerlo o ni siquiera se da cuenta de qué le está generando esa ansiedad”.

Lejos de conseguir mejorar la situación, advierte este doctor especializado en medicamentos, muchas veces no logran llegar al origen de lo que provoca la alteración de nuestras emociones ni, por tanto, curarnos. Y lo peor es que, cuando queramos dejar de consumirlos, podemos ser ya presas de un estado de adicción que dificulte su abandono.